jueves, 6 de enero de 2011

un año nuevo trascendental

Todo empezó por un par de argentinas enamoradas, supuestamente las ibamos a ir a traer a Petén, el departamento más grande de GT y la cuna del mundo maya. A mi mejor amiga se le saló su año nuevo en los United y no le quedó de otra (en realidad sí tenía otras opciones pero decidió venirse conmigo) más que aventurarse a nuestro primer viaje juntas.
Dicen que uno no conoce a nadie hasta que se va de viaje y creo que asi es. Salimos a las 6am, ella con una goma de las que te dejan aplastado en la cama y yo con una emoción que hasta Dora, La Exploradora se hubiera quedado corta, era la primera vez que manejaba tanto tiempo. Y es que ese es otro de los muchos paradigmas en mi país, las mujeres van de copiloto y para un viaje largo fijo tenés que ir con un hombre (no importando si este es mecánico, habilidoso, buen conductor, responsable y cualquier otro atributo comúnmente relacionado con el sexo opuesto). El viaje lo amenizó Shakira en su épocas mozas cantamos todo el viaje de ida al compás de sus canciones que nos recuerdan nuestra adolencia que a veces parece que es eterna. Llegamos al primer destino, Finca Ixobel, un lugar paradisíaco en las afueras de la ciudad de los Pinos, Poptún. Teníamos todas las intenciones de acampar pero estaba lloviznando y el suelo estaba enlodado por lo que decidimos quedarnos en una casa de árbol divina que se llamaba Vista pero que bautizamos la casa de las Pitufas o mejor conocida en la finca como la casa de los enanos, esto debido al tamaño de la casa que además nos quedaba como anillo al dedo porque las dos somos chiquitas.

Luego de una corta visita a las pacas de Poptún y a la Despensa Familiar fuimos a la casita a tomarnos unas merecidas cervecitas. La idea era quedarse en cerveza pero uno de nuestros leones lacandones cambió el rumbo de la historia, porque al llegar al Bar conocimos a Mario, el mejor bartender de la historia. El tipo entre platicaditas y juegos mentales nos zambutió un par de tequilas de más. A mi me dejó sentada y le tuve que decir a mi amiga que regresaramos al cuarto, según yo para irme a dormir tranquila, pero al subir a la cama y luego de 10 minutos de dormir o mejor dicho doblar tenía la boca llena y no podía ni hablar, el movimiento levantó de inmediato a mi amiga quien de un salto me fue a traer un basurero. La mitad quedó adentro y la otra afuera y luego de la descarga empezar los ronquidos. Ronqué tanto que me levanté de lo fuerte y mi amiga tuvo que ir a dormir al auto.
Al día siguiente fuimos a quemar calorías y a darnos la mejor embarrada en lodo que me he dado en la vida... no, no fue una pelea de lodo (que mal pensados...) subimos una montaña. Sí, las fumadoras todavia pueden hacer o hacer el intento de ser deportistas.

Esa misma noche después de una deliciosa hamburguesa y una tarde leyendo frente a una laguna fuimos de nuevo al Bar. Y ahí fue el ataque chicano, un salvadoreño con guatemalteco y borned and raised en LA nos fue a hablar. Como siempre, yo le hablo a las piedras nos fuimos a sentar con él y la hermana, una marimacha fea como solo ella. Todo iba bastante bien hasta que accidentalmente me tocó la pierna y me dijo que le enseñara dónde nos estábamos quedando nosotras... Obviamente el comentario fuera de lugar me llevó al baño y de regreso ya no me senté ahí, pero el insistió e insititió, me invitó a bailar, a un trago, se sentó a mi lado en el bar... todo un acosador hasta que nuestro león lacandón nos salvó con un par de gritos.
Al día siguiente fuimos a Yaxhá a acampar, la belleza del atardecer nos hizo olvidar por un segundo que teníamos una carpa que armar y que no teníamos idea de cómo hacerlo. Como diría mi primito esas carpas se paran solas... pero no, la realidad es que NADA se para solo, para todo hay que tener instrucciones. Y esa carpa en particular estaba muy complicada, por lo que tuvimos que armar la otra la que sí se paraba sola, sentimos la gloria entre mosquitos insaciables.

Luego de una noche entre vino y canciones, la verdad, una de las noches más alegres de mi vida con mi mejor amiga en la mitad de la jungla, decidimos buscar el lugar adecuado para pasar el 31, al fin nos despedíamos de este 2010 tan lleno de cosas, y queríamos pasarla bien. Llegando al Hostal mi amiga me hizo el comentario que quería un cuarto para nosotras dos, para asi poder dormir libre de ronquidos. Sin embargo, ya no había espacio y nos tocó en un cuarto compartido con 4 hombres de GT. Según ellos la decepción era porque eran de GT pero no, ninguna de las dos iba con intención alguna de conectar puesto que una de las conversaciones de la noche anterior fueron precisamente los one night stands y como ya estabamos un poco cansadas de los amores fugaces. Resultaron encantadores los cuatro hombres, nuestro nuevos amigos.
Nunca entendemos por qué nos llevamos mejor con hombres más jóvenes, yo creo que es otro de nuestros paradigmas y es que por la madurez es que se mide a la gente no por su edad y esa fue la mentalidad que mantuvimos. La pasamos genial y genuinamente conocimos personas a quienes espero mantener cerca y sobretodo nos conocimos a nosotras.

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