A veces el príncipe no está tan perdido, las que tenemos los ojos cerrados somos nosotras. A veces y no tan pocas veces, las personas que uno conoce desde hace mucho tiempo, con aquellas que se ha compartido una adolecencia o una vida son las más adecuadas y a las que menos consideramos como pareja.
Siempre fui de la idea de que las relaciones se basan en ese momento delirante de pasión, cuando la qúímica resulta encantadora, y que eso se da o no se da, y que sin eso una relación no tiene futuro. Tampoco me imaginé que alguna vez iba a considerar a alguno de mis viejos amigos del colegio como un prospecto. Sin embargo, el sábado tuve una malévola idea... todo iba perfecto porque ya me había decidido, y es que ya tengo ganas de estar con alguien y siempre las excusas son lo único que me sobran, pero nunca abro bien los ojos. Y cuando ya estaba decidida me acordé que no sabría cómo entrarle, que no se cómo hacerle ver que hay posibilidades.
Una opción sería decirselo claro y pelado, pero eso lo puede asustar. La otra sería ir tranquilo y tratar de seguirnos viendo poco a poco. La tercera sería dejar que pasen estos tiempos de angustia y cuando pasen probar....
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